Experimentos con la integridad – Fritz Haber y la ética de la química Understand article

Traducido por Elisa López Schiaffino. A cien años del comienzo de la Primera Guerra Mundial, las armas químicas todavía son noticia. Aquí consideramos algunas de las cuestiones éticas que están detrás del legado químico de la guerra.

Infantería australiana que
usa respiradores de caja
pequeña (SBR, small box
respirator en inglés) en
Garter Point cerca de
Zonnebeke, Ypres, 27 de
septiembre de 1917.

Imagen Cortesía del Colección
del National Media Museum/
Wikimedia Commons

Nuestras vidas modernas han mejorado gracias a la química, pero ningún descubrimiento ha sido universalmente positivo. Las consecuencias negativas de la química, desde los efectos de la contaminación hasta la talidomida, han llevado a una desconfianza generalizada de la ciencia y al temor de que el trabajo de laboratorio de los químicos obstinados pueda perjudicar a la sociedad. Tanto como la guerra. Hace cien años, en el comienzo de la Primera Guerra Mundial, los químicos trabajaban para ayudar a sus respectivos países. La historia de la química y de los químicos de aquella época puede ayudarnos a explorar algunos aspectos de la complicada historia ética de la química que podemos observar incluso hoy en día.

Gran poder y responsabilidad en la era industrial

Hay una reacción química simple que, para muchos, simboliza lo mejor y lo peor de la química de los siglos diecinueve y veinte: N2 + H3 ⇌ 2NH3. La mezcla aparentemente simple de nitrógeno e hidrógeno de hecho fue un triunfo de la química que le permitió a Fritz Haber ganar el Premio Nobel de Química en 1918. Hoy se producen más de 130 millones de toneladas de amoníaco por año usando el proceso Haber-Bosch, que provee el 99% de los fertilizantes nitrogenados.

Aún así, para muchos, Haber es un personaje controversial que también contribuyó a la creación de las armas química. Aunque su trabajo sobre la fijación de nitrógeno nos permite producir más alimento que nunca, se piensa que el proceso de Haber para producir amoníaco también prolongó la Primera Guerra Mundial por lo menos 18 meses más. El hombre que ‘creó pan del aire’ es un personaje complicado.

Fritz Haber (1868–1934)
Imagen Cortesía del German
Federal Archives/Wikimedia
Commons

Durante el siglo 19, la química prosperó, junto con la posibilidad de los químicos de ocasionar efectos beneficiosos o perjudiciales a una escala nunca vista anteriormente. Mientras la ciencia rápidamente mejoraba la vida y la salud de las personas, también amenazaba a esos mismos individuos. Como la expectativa de vida y la población crecían, se necesitaba más alimento. Sin embargo, el fertilizante utilizado en esa época (el guano de América del Sur, rico en nitrógeno) casi se había terminado. Se necesitaba una nueva fuente de amoníaco. A principios del siglo veinte, el jóven científico Haber, junto a Robert Le Rossignol y a la empresa química alemana BASF, logró la primera síntesis de amoníaco usando sólo hidrógeno y nitrógeno – gases del aire que nos rodea.

El estado alemán y su logro le permitió a Haber, el hijo de un concejal de una ciudad judía en lo que ahora es Breslavia, Polonia, saciar su sed intelectual. Haber era muy patriótico; hoy podríamos sentirnos incómodos con tal ferviente nacionalismo, pero en aquella época era bastante común. El mismo Haber sostenía que el ser alemán era algo a lo que uno se debía adaptar “como todo lo grandioso y eterno” y a los 24 años se convirtió al cristianismo.

En el comienzo de la guerra, los buques británicos bloquearon las importaciones de guano de América del Sur, por lo que la producción industrial de amoníaco resultó vital para alimentar a la población alemana. El bloqueo también constituyó un problema para las municiones, que requieren nitratos para su producción. Ya en septiembre de 1914, un grupo de expertos en el que estaba Haber fue seleccionado para encontrar una solución al problema. Poco tiempo después, los fabricantes de productos químicos comenzaron a usar el método de Haber para producir nitratos destinados a ser usados en explosivos. Si la posición ética de Haber ya podía considerarse complicada, sus próximos pasos fueron aún más controversiales.

Padre de los armamentos químicos

Pronto se hizo evidente que el sueño de que la guerra “estuviera terminada al llegar la navidad” no se cumpliría, y lo que había sido planeado como una guerra rápida se estaba extendiendo. El solo hecho de aumentar la cantidad de armas de fuego no acabaría con la guerra rápidamente.

Imagen Cortesía del Biblioteca
del Congreso/Wikimedia
Commons

El patriótico Haber no dudaba mucho de que cuidar los intereses de su país era más importante que nada. Concluyó que la nueva tecnología le podía dar a Alemania la ventaja decisiva de terminar la guerra rápidamente. Si su esfuerzo hubiera dado resultado, la guerra podría haber terminado antes y con menos víctimas; pero en vez, los descubrimientos de Haber se convirtieron en uno de los puntos más controversiales de la guerra moderna – las armas químicas.

Los irritantes químicos fueron prohibidos por las Conferencias de la Haya de 1899 y 1907, pero Haber no trabajaba solamente para producir un gas irritante sino que dedicó sus esfuerzos a un gas que se convertiría en un arma. Luego de pruebas y análisis extensos, Haber viajó a Ypres en abril de 1915. Fue allí que supervisó el primer uso de gas de cloro, que ahora está tan inextricablemente unido a la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial.

El gas de cloro funcionaba “bien”, aniquilando a miles de personas, pero no les dio la ventaja militar que Haber había pensado. En cambio, las armas químicas se convirtieron en un arma más para ser usada en la guerra, y al desobedecer las limitaciones impuestas por las Conferencias de la Haya, el accionar de Alemania les dio a los Aliados la excusa que necesitaban para responder lanzando sus propios gases.

Poco tiempo después de volver de Ypres, la esposa de Haber se suicidó en protesta por el trabajo de su marido. La lealtad de Haber a la causa alemana pareció no cambiar, y la mañana siguiente Haber partió a supervisar el uso del gas de cloro en el Frente Oriental.

El legado ético de Fritz Haber

Un campo de amapolas en
Flandes

Imagen Cortesía del Tijl
Vercaemer/Flickr

Las generaciones posteriores, que han aprovechado los efectos de los fertilizantes a base de amoníaco, tal vez tengan una opinión más moderada de Haber y de su impacto de la que tienen los contemporáneos de Haber, incluyendo a su esposa Clara. En 1918, justo después del final de la Primera Guerra Mundial, a Haber le fue otorgado el Premio Nobel de Química, pero su contribución a la guerra ya era conocida y hubo protestas en contra del premio. Sin embargo, el comité del premio sostuvo que además de contribuir a la creación de armas, el trabajo de Haber sobre la síntesis de amoníaco significaba que él era un hombre que había “otorgado el máximo beneficio a la humanidad”.

El trabajo de Haber ilustra la idea de responsabilidad individual. Aunque un aspecto de su trabajo fue dedicado a causar daño, otro aspecto benefició a la humanidad. Hacer bien al prójimo es bien visto bajo todos los criterios éticos, pero se puede argumentar que ese bien se cancela al causar daño y manifestar un comportamiento poco ético.

Clara Immerwahr

Clara Immerwahr
(1870–1915)

Imagen Cortesía del
Wikimedia Commons

Antes de casarse con Fritz Haber, Clara Immerwahr era , por su cuenta, una química talentosa. De hecho, fue la primera mujer en obtener un doctorado en química en Alemania. Las expectativas de la sociedad de la época indicaban que el mejor puesto al que una mujer podía aspirar era asistente de laboratorio. Luego de casarse con Fritz, Clara se sintió cada vez mas sofocada y descubrió que su carrera de investigación era incompatible con el papel de esposa y madre que se esperaba que cumpliera. Sin embargo, trabajó con su esposo entre bambalinas y continuó dando charlas a las mujeres.

El matrimonio ya estaba en problemas para cuando Fritz Haber comenzó a trabajar para la guerra. Immerwahr era pacifista y le pedía a Haber que detuviera su contribución a las armas químicas, y denunciaba públicamente “la distorsión de los ideales de la ciencia”. Él respondió declarándola traidora.

Este año, la televisión alemana lanzó una exitosa película biográfica basada en la vida de Clara Immerwahr.

Lo que aconteció durante la Segunda Guerra Mundial resultó más impactante y grave que nunca, y mucho de lo sucedido dependió del trabajo científico, como por ejemplo el uso de las armas atómicas y los hechos del Holocausto. La sociedad tuvo que revaluar si la conciencia individual era suficiente para regular el trabajo científico. En 1947 se publicó el Código de Núremberg, que recogía los principios que regían la experimentación científica con seres humanos. Ahora se requiere que toda investigación, ya sea que involucre a seres vivos o no, se lleve a cabo conforme a los principios de la ética de investigación, que considera tanto la fiabilidad de los descubrimientos como el impacto ético de los métodos de investigación. La ética de la investigación especifica los estándares de honestidad que se esperan de cada investigador y obligan a que el trabajo científico esté disponible para el escrutinio de otros científicos. Sin embargo, nunca se puede estar seguro del impacto del trabajo propio, ni de lo que los otros hagan con él.

 

​La historia ética de los Premios Nobel

Alfred Nobel, cuyo nombre ahora está comúnmente asociado con los Premios Nobel, fue otro químico forzado a revaluar la ética de su trabajo. Nobel logró su fortuna fabricando dinamita, en un principio para la minería. Sin embargo, el uso de la dinamita para la guerra fue criticado por la sociedad sueca, hecho que Nobel descubrió al ver su obituario publicado por error mientras aún estaba vivo. Tal vez debido a estas críticas, cuando Nobel falleció dejó establecido en su testamento la creación de los premios Nobel.

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Author(s)

Jane Essex es una profesora universitaria en Ciencias de la Educación en la Universidad Keele en el Reino Unido. Luego de graduarse de la Facultad de Farmacia en Londres, obtuvo un certificado de posgrado en Educación y la titulación necesaria para ser docente de ciencias con especialidad en química. Mientras enseñaba, Jane hizo una maestría en Educación y luego completó el doctorado en Educación. Jane se interesa en todos los aspectos de la enseñanza de las ciencias, especialmente en la enseñanza de la química, y más generalmente, en los enfoques interdisciplinarios de la ciencia. Se especializa en el estudio de la historia, la filosofía y la ética de la ciencia, y se interesa en cómo presentar estos temas en el ámbito educativo.

Laura Howes Howes es la editora de Science in School. Estudió química en la Universidad de Óxford, en el Reino Unido, y luego se unió a una sociedad científica en el Reino Unido para comenzar a trabajar en el campo editorial científico y en el periodismo. En el 2013 se mudó a Alemania y al European Molecular Biology Laboratory (Laboratorio Europeo de Biología Molecular) y comenzó a trabajar en Science in School.


Review

Este artículo presenta un enfoque interdisciplinario del estudio de los beneficios y riesgos relacionados con la investigación científica. El artículo brinda información útil para presentaciones orales u otros proyectos.


Angela Köhler, Romain-Rolland-Gymnasium, Alemania




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