La ciencia de preservar el arte Inspire article

Traducido por R. Plo & M. Smith . Como Conservadora Jefe del National Trust, la trayectoria de Katy Lithgow parece la de una persona “más bien de letras” que de ciencias– pero su trabajo ha demostrado que ambas áreas pueden estar estrechamente vinculadas. Vienna Leigh nos descubre…

Castillo de Powis: terrazas de
estilo Italiano al amanecer

Imagen cedida por el National
Trust Photo Library / And

Si alguna vez has estado de vacaciones en Inglaterra, sabrás que abundan en su campiña mansiones históricas con jardines, zonas de belleza natural,  castillos, ruinas, fortalezas y parques naturales. Independientemente de que se trate de casas con connotaciones literarias o históricas –como el Cottage de Hardy, Wordsworth House, o Cliveden, antaño flamante lugar de encuentro de la alta sociedad–  o bien de lugares Patrimonio de la Humanidad –como la Calzada de los Gigantes, el círculo de piedras de Avebury, o el Muro de Adriano– siempre hay algo para todos los gustos y gran parte de ello continúa existiendo gracias al National Trustw1.

Mantener estas muestras del patrimonio nacional en óptimo estado –y a la vez, abiertas al público– requiere no sólo la colaboración de los 52.000 voluntarios del Trust sino también la sabiduría y discreta labor de un equipo de expertos en conservación formado, entre otros, por guardianes, jardineros y conservadores.

La Conservadora Jefe, Katy Lithgow pertenece a ese grupo de expertos. Empezó como historiadora del arte pero ahora se encarga del área de conservación preventiva y correctiva de las colecciones e interiores históricos de las casas propiedad del National Trust. Tras licenciarse en Cambridge, inició su andadura profesional en el Courtauld Institute of Arts de Londresw2, donde recibió formación en la conservación de pinturas murales. “Me da la impresión que la gente entra en esta profesión por casualidad, muchas veces porque les interesa algún aspecto concreto –en mi caso fue el empeño en combinar mi amor por la pintura y el dibujo con mi interés por la historia del arte y la tecnología de la producción artística,” dice. “En la escuela es difícil encontrar información sobre este tipo de trabajo– no es algo que se encuentre en la clásica guía de profesiones”.

Castillo de Sissinghurst visto
desde el White Garden

Imagen cedida por Jonathan
Buckley

Su trabajo supone mucho más que la mera restauración de cuadros antiguos. En una jornada normal puede llegar a revisar las instalaciones de placas solares o el aislamiento del tejado de un castillo, valorar posibles adquisiciones atendiendo a sus necesidades de conservación, organizar programas de formación para el personal del National Trust, dar charlas en museos o galerías de arte, o participar en reuniones sobre futuras líneas de actuación. A menudo colabora con otros estamentos dedicados a la conservación para establecer qué áreas del patrimonio cultural deben ser objeto de investigación; a través, por ejemplo, de su participación en la investigación conjunta promovida por el programa Science and Heritagew3 (Ciencia y Patrimonio) o a través de su participación en el grupo de orientación del National Heritage Science Strategyw4 (Estrategia Científica del Patrimonio Nacional) del Reino Unido.

“Aunque me considero más de letras y humanidades que de ciencias, lo cierto es que es la ciencia la que nos permite seguir acogiendo a nuestro público visitante: gracias a ella, preservamos nuestras propiedades de cara al futuro”, dice Katy.

“Si abriésemos las casas sin tener en cuenta lo que produce su deterioro, correríamos el riesgo de dañarlas o destruirlas. Específicamente, nos preocupa cómo ciertos factores medioambientales, como la humedad o la luz, afectan a los objetos, materiales y estructuras.

Otro panorama muy hermoso
– Isla de Lundy, arqueólogo
(primer plano) realizando
labores de topografía

Imagen cedida por el National
TrustPhoto Library / Joe
Cornish

“La ayuda que nos brinda la ciencia en muchos aspectos es enorme. Tras la inundación de la biblioteca en el Long Gallery de Blickling Hall (una casa de estilo jacobeo en el condado de Norfolk,) pudimos aplicar a sus valiosos contenidos los conocimientos adquiridos sobre el comportamiento de los materiales sometidos a humedad. Utilizamos fotomicrografías para observar cómo ciertos productos bacteriológicos –llamados “exopolímeros pegajosos”–se combinan con la humedad y con la calcita de las partículas de polvo para incrustarse en las superficies deterioradas. Esto dio pie al desarrollo de un método de control del polvo que producen las visitas. Dicho método nos ayuda a programar turnos para la limpieza de los objetos y evitar que el proceso de impregnación del polvo sea irreversible.

“Utilizamos sensores para indicar si la cantidad de luz a la que han sido expuestas las superficies es excesiva, y eso nos ayuda a controlar la luz en beneficio de nuestros visitantes y de nuestras colecciones; diseñamos sistemas de calefacción para la conservación que son capaces de procesar datos sobre la humedad relativa y la temperatura. Recurrimos a la ciencia hasta para averiguar por qué los cuadros de John Hungerford Pollen en el friso del Long Gallery de Blickling Hall parecen tan envejecidos (¡el análisis científico ha demostrado que sus técnicas pictóricas eran bastante deficientes!).

Katy Lithgow

Así, ya que afirma ser “de letras”, ¿cómo consigue adaptarse a la vertiente científica de su trabajo? “Siempre fui consciente, debido a mis estudios sobre la pintura renacentista italiana, de la afinidad que existe entre las letras y las ciencias. El arte está, y siempre ha estado, fuertemente influido por las teorías y descubrimientos científicos –la ciencia del color, los pigmentos, la perspectiva y demás. Se necesitan datos científicos para validar la investigación artística y, por ejemplo, establecer la autenticidad de una obra de arte. De igual modo, la ciencia también puede ser artística –por ejemplo, en el momento de la inspiración– mientras que ciertas destrezas académicas, como escribir o realizar presentaciones, son necesarias para la difusión de la ciencia. Además, tanto las ciencias como las letras recurren a indicios que deben comprobarse validando hipótesis. En ambos casos, estas hipótesis deben poder sostenerse en los distintos tipos de investigación.

“En la escuela, sin embargo, la ciencia y yo nunca hicimos buenas migas. Todavía insisto en que fue casualidad que un buen día pusiera a hervir unos termos agrietados y que éstos explotaran impregnando las mesas de laboratorio de un líquido viscoso, negro y burbujeante. La profesora, sin embargo, parecía creer que mi único objetivo en la vida era fastidiarle las clases. Luego ya no volví a experimentar con la ciencia hasta mi época de formación como conservadora de pinturas murales”.

“Hoy en día, una formación científica es una ventaja enorme en el mundo de la conservación. Existen cursos específicos para aquellas personas que proceden de las humanidades, como el curso a distancia “Química para Conservadores” ofertado por International Academic Projects Ltd w5.”

Las inundaciones en la Abadía de Calke y Coughton Court fueron causadas por el cambio climático.

Plagas de insectos -larvas de
polilla devorando tejidos de
lana en un cojín de
Tyntesfield

Imagen cedida por el National
Trust Photo Library

El National Trust realiza investigación científica en proyectos conjuntos con otras instituciones de educación y patrimonio, logrando fondos a través de becas e iniciativas como el proyecto de investigación Climate for Culturew6, financiado por la UE, y a punto de comenzar en octubre de este año.

“Puede que nuestro público no se dé cuenta pero el cambio climático está teniendo un efecto enorme sobre el trabajo del National Trust”, señala Katy. “Afecta a todo y supone el gran desafío de nuestros tiempos. Las inundaciones de la Abadía de Calke (una mansión barroca situada en el condado de Debyshire) y Coughton Court (una casa familiar de estilo Tudor situada en el condado de Warwickshire) durante el verano de 2007 fueron causadas por lluvias torrenciales, atípicas para esa época y achacables al cambio climático.

El proyecto “Engineering Historic Futures”w7, dotado de fondos procedentes del Engineering and Physical Sciences Research Councilw8 (Consejo de Investigación de Ingenieria y Ciencias Fisicas) y encuadrado en su programa “Sustaining Knowledge for Changing Climates”, es otro proyecto de investigación científica que analiza la adaptación de entornos históricos a los efectos del cambio climático y que ha escogido las inundaciones de Blickling hall como objeto de análisis.

“En las casas históricas también percibimos el cambio climático en un aumento en la actividad de las plagas de insectos, concretamente la carcoma y las polillas; hay también más moho. El objetivo de nuestro trabajo es buscar fórmulas para ahorrar energía y disminuir la huella de carbono, y con ello, ayudar a frenar el cambio climático y adaptarnos a sus efectos.”

Pero, al margen de la ciencia, es la estética de su trabajo la que motiva a Katy a levantarse por las mañanas. “Momentos únicos delante de casas y paisajes increíblemente hermosos … no hay nada igual”, dice esbozando una sonrisa.

Estudio de caso: la cama de Jaime II

Cama de Jaime II en Knole
Imagen cedida por el National
Trust Photo Library / Andreas
von Einsiedel

“Como Conservadora jefe, me encargo de establecer cuál es el trabajo de conservación más urgente de entre las colecciones del National Trust. El nivel de prioridad que se atribuye a un trabajo viene determinado por la velocidad de deterioro, la calidad del entorno en el que se exhibe y por cómo afecta este proyecto al plan general para la presentación y desarrollo de la propiedad.

En estos momentos, la máxima prioridad nacional es la cama del rey Jaime II en Knole –una de las grandes casas históricas inglesas y lugar de nacimiento de la autora y poetisa Vita Sackville-West– cerca de Sevenoaks, en el condado de Kent.

la conservadora Clare
Golbourn con fragmentos de
las cortinas de terciopelo de
seda una vez limpiados

Imagen cedida por el National
Trust / Textile Conservation
Studio

La investigación indica que la cama fue probablemente un encargo del rey Jaime II de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Corría el año 1688, poco antes de ser expulsado del país durante la Gloriosa Revolución de 1689 que acabó con la proclamación conjunta de William y Mary como monarcas protestantes. El Lord Chambelán de aquel entonces, Thomas Sackville, 6º conde de Dorset, adquirió la cama con monograma – convertido en símbolo indeseable del desaparecido régimen – y la trasladó a Knole en 1701.

Cuando los empleados del National Trust de Knole se dieron cuenta que las cortinas de la cama se estaban rasgando por su propio peso, nuestra experta en conservación de tejidos, Ksynia Marko, analizó las posibles soluciones. Sus análisis revelaron que las cortinas están confeccionadas con un terciopelo de seda extremadamente proclive al deterioro cuando se expone a la luz. Con el tiempo, la oxidación de las fibras de la seda ha causado un proceso de descomposición y caída, todo ello acelerado por la fuerza de la gravedad.

Ha habido por lo menos tres intentos de restaurar las cortinas. Durante el más reciente, que se remonta al año 1959, se empleó un adhesivo de látex natural llamado “gutta-percha” para pegar los fragmentos de terciopelo de seda a un nuevo fondo de tela pero, 50 años después, la composición quimíca del adhesivo se ha alterado. Se ha vuelto quebradizo y oscuro, manchando el tejido original y dejándolo incapaz de sostener su peso.

Retiramos las cortinas de la exposición para averiguar qué disolventes y métodos de restauración podrían eliminar el adhesivo anterior y, a continuación, limpiamos el terciopelo de seda para volver a fijarlo a un nuevo fondo de tela. Mientras tanto, hemos empezado a reunir las 850.000 libras necesarias para financiar la conservación del resto de la cama, sus cortinas y muebles auxiliares así como el retorno a la exposición.»

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Web References

Resources

Review

El artículo ofrece información general sobre los pormenores de una carrera dedicada a la conservación de lugares de importancia artística e histórica, y el papel desempeñado por la ciencia en estos menesteres.

Los diversos ejemplos que se ofrecen son útiles a la hora de dirigir aquellos debates que surgen en el aula de ciencias. Se centran por un lado, en cómo distintas influencias medioambientales pueden afectar a los objetos, materiales y estructuras mediante procesos capaces de producir deterioro y, por otro, en cómo el cambio climático está perjudicando nuestro patrimonio cultural.

El texto se adapta bien a su uso en las clases de ciencia, historia y humanidades para demostrar cómo estas tres áreas de investigación pueden colaborar en la conservación de artilugios y emplazamientos históricos. En la escuela, los estudios interdisciplinares se pueden organizar de tal manera que los grupos de historia y humanidades se dediquen a especificar qué situaciones medioambientales ponen en peligro los artilugios y lugares de valor cultural y los grupos de ciencia se dediquen a la búsqueda de soluciones.


Michalis Hadjimarcou, Chipre




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