Tras la pista de una cura para el cáncer Inspire article

Traducido por Ramón Plo. Joan Massagué ha desvelado secretos que pueden salvar vidas. Además de ser un experto en división celular y en la diseminación del cáncer, es uno de los 50 investigadores más citados de todas las disciplinas científicas. Sarah Sherwood le entrevista sobre sus…

¿Qué le impulsó a dedicarse a la ciencia?

Joan Massagué
Imagen cortesía del IRB Barcelona

Siempre me ha fascinado la naturaleza e ir coleccionando cosas. Recuerdo el día en que estudiamos los minerales en la escuela. El mero hecho de descubrir que los metales se extraían de las menas fue para mí toda una revelación. Ciertamente, me intrigaba descubrir cómo funcionan los elementos de la naturaleza, y tuve la fortuna de contar con unos padres que comprendían y fomentaban este interés. Siempre me animaron y facilitaron mi aprendizaje – pero sin obligarme a nada. Creo que esta actitud produjo en mí un auténtico deseo de aprender más sobre las cosas. Además de la curiosidad, también me influyó la tradición familiar: provengo de una familia de tres generaciones de farmacéuticos –mi abuelo, mi tío, mi padre y mi madre fueron farmacéuticos.

Por supuesto, cuando llegó la hora de decidir qué carrera quería estudiar, escogí farmacia. Me fue bien en los estudios y fui completando exámenes pero, al llegar al penúltimo año, me di cuenta de que lo que realmente me gustaba era la bioquímica. Me parecía un área repleta de ideas interesantes. Pocos años antes, el descubrimiento de la estructura del ADN había establecido una base en la que se sustentaban muchos principios de la bioquímica. Había conceptos que me intrigaban, como el de la influencia de las hormonas sobre las células –la posibilidad de comprender qué eran y qué hacían exactamente.  Así que decidí dar un giro en mi carrera y hacer el doctorado en bioquímica.

Mi tesis doctoral giraba en torno al metabolismo del glucógeno y su control mediante la insulina, una molécula vinculada a la diabetes. Un día el director de mi departamento me preguntó, “¿Qué es lo que quieres hacer?”   Le respondí, “Pues descubrir una cura para la diabetes, claro.” “Buena respuesta,” dijo, “pero demasiado ambiciosa”. Me dijo que las enfermedades debían abordarse paso a paso y que me buscarían un buen proyecto para que fuera trabajando. Recuerdo que asentí y le contesté una vaguedad, pero en mi interior pensaba, “pero si lo que yo quiero realmente es descubrir una cura para la diabetes.”

De 1976 a 1979, mi investigación y mi evolución inicial como científico se beneficiaron de la tutela de mi director de tesis, el profesor Joan Guinovart. También en esa época pude comprobar las trabas que los científicos encontraban para proseguir su carrera en España. Décadas de abandono por parte del gobierno, escasos recursos y una falta de liderazgo habían convertido la investigación en un destino poco atractivo. Así, cuando en 1979 decidí realizar una estancia postdoctoral en la universidad de Brown (EEUU) estaba convencido de que sería el punto final de mi carrera como investigador.

Mi idea era volver a España y continuar con la farmacia o trabajar para alguna industria farmacéutica local. Sin embargo, durante mi estancia en EEUU se encadenaron diversos proyectos y, tras una productiva etapa de investigación postdoctoral con el profesor Michael Czech, terminé en 1982 como director de un equipo de laboratorio independiente en la universidad de Massachussets. En aquel momento, abandoné el estudio de la diabetes por el del crecimiento de células y tejidos por su relevancia para el cáncer. En 1989, me ofrecieron la cátedra del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en Nueva York y allí sigo desde entonces.

Sus últimas investigaciones se centran en el estudio de la metástasis –el proceso por que el un tumor se extiende de un órgano a otro, y que está detrás del 90% de las muertes por cáncer. ¿Cómo tiene lugar este proceso?

Hasta hace poco se consideraba que la metástasis era un fenómeno tan complejo que no sabíamos ni cómo abordarlo. Recientemente, sin embargo, hemos comenzado, de forma lenta pero firme, a desvelar sus secretos. Era imposible, por ejemplo, precisar qué ocasionaba que una célula cancerosa se desprendiera de un tejido para anidar en otro. Sabemos, pongo por caso, que para que unas células tumorales produzcan metástasis, deben sufrir ciertas mutaciones genéticas. Sabemos también que los tejidos que estas células colonizan deben tener ciertas características que favorezcan esa invasión y el crecimiento de la célula tumoral.  Mucha gente, por ejemplo, no sabe que las células cancerígenas que se originan en la mama tienden a colonizar los huesos, los pulmones, el hígado o el cerebro.  Los tumores de colon, en cambio, causan metástasis en el hígado o los pulmones pero muy raramente en los huesos o el cerebro. No sólo estamos descubriendo qué genes permiten estas migraciones concretas sino que estamos analizando el proceso punto por punto.

Por ejemplo, en mi laboratorio hemos demostrado recientemente que lo que permite a una célula tumoral abandonar su hábitat natural e invadir un órgano distante es producto de la actividad conjunta de cuatro genes. Esto es lo que ocurre cuando una célula de cáncer de mama producemetástasis en los pulmones. Pero lo que sucede con un tipo de tumor no siempre sucede en otros casos. Ahora estamos estudiando si son los mismos genes los responsables de que los cánceres de mama se extiendan al cerebro o, por ejemplo, a los huesos. Confiamos en que si llegamos a identificar y comprender el papel de los genes responsables en la diseminación de distintos tipos de cáncer, podremos diseñar fármacos que desactiven esos genes y paralicen el proceso.

¿Tiene usted esperanza de que se encuentre una cura para el cáncer en un futuro próximo? ¿Qué se necesita para lograrlo?

Soy muy optimista. El tratamiento del cáncer ha visto avances increíbles en estos años y ya existen tratamientos muy efectivos para ciertos tipos de tumores. Gracias a los avances en la investigación y a los fármacos resultantes, algunas formas de leucemia infantil, por ejemplo, alcanzan un índice de remisión del 90% y los pacientes no muestran señales o síntomas de la enfermedad. No obstante, queda un largo camino por recorrer. Debemos descubrir nuevos tratamientos más efectivos, menos tóxicos y más baratos que los existentes.

Es evidente que la investigación puntera, la destinada a lograr resultados importantes, va a requerir la colaboración de expertos pertenecientes a campos diversos –y para ello necesitamos mejores equipamientos y una mayor cooperación. Actualmente, la investigación sobre el cáncer se sustenta en sofisticadas técnicas de imagen, rayos X de alta resolución, en la genética, la transcripción genética, la informática, la biología molecular y celular, la biofísica y la expresión de genes –además de la especialización clínica. Esta nueva cultura de integración de ciencias clínicas y experimentales crea auténticas oportunidades para una interacción productiva. Creemos que en el plazo de tres décadas sabremos lo suficiente sobre la base genética y biológica del cáncer como para notar un gran cambio.

¿Cómo pasan los resultados de la investigación del laboratorio a los hospitales donde pueden ayudar al tratamiento del cáncer?

Las terapias tradicionales para el tratamiento del cáncer, que incluyen la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, han logrado reducir el índice de mortalidad de muchos tipos de cáncer. Pero estas terapias se han centrado en general en la extirpación de los tumores sólidos, sometiendo a las células cercanas a tratamientos con radiación y con fármacos para impedir su reproducción. A menudo el objetivo principal de este enfoque es controlar el desarrollo del tumor principal, aunque a veces el problema resida también en otras zonas –en tumores secundarios que aparecen en otras partes del cuerpo cuando el cáncer se disemina o causa metástasis. Hasta hace poco, los esfuerzos en la investigación o en la búsqueda de fármacos casi no se ocupaban de este aspecto. Ahora, al distinguir cuáles son los genes responsables de la metástasis, poseemos dianas u objetivos muy precisos para fármacos que podrían resultar efectivos.

Es pronto, todavía, y el siguiente paso consiste en investigar estas posibilidades. En primer lugar, esos fármacos potenciales deben ser descubiertos y testados en laboratorio mediante estudios con células y animales. Una vez que termine este proceso –y el fármaco potencial demuestre su validez–   debe pasar por una serie de controles clínicos –desarrollados por médicos– en los que se prueben con un grupo de pacientes con cáncer para valorar su efectividad y la posible existencia de efectos secundarios. Este es un proceso muy largo y, además, sin ningún tipo de garantía. En general, muy pocos de los fármacos obtenidos en laboratorio llegan a la fase de ensayos clínicos y se puede llegar a tardar 15 años en aprobar un nuevo fármaco. Se trata de un proceso lento que requiere una inversión enorme de tiempo, esfuerzo y dinero. A la larga, sin embargo, si logramos descubrir un tratamiento que nos permita salvar vidas, habrá merecido la pena.

¿Qué le diría a un paciente con cáncer, o a alguien con un ser querido que padezca cáncer, y quiera saber cuándo aparecerá un fármaco que les ayude?

Esta es una pregunta muy difícil que nos hacen a menudo. Normalmente les explico que no soy médico y que no puedo poner a nadie en tratamiento. Yo trabajo en un laboratorio y me dedico a investigar los procesos responsables del cáncer, no a desarrollar fármacos o recetarlos a los pacientes. La responsabilidad en el tratamiento de los pacientes y en el inicio de ensayos clínicos la tienen los médicos de los hospitales. Es evidente, en todo caso, que para vencer al cáncer los científicos y los médicos tienen que colaborar estrechamente. De cualquier manera, siempre que hacemos un descubrimiento que pueda terminar ayudando a la gente nos parece altamente gratificante.

Hace 28 años que vino desde España a trabajar a los EEUU y, en último término, al Memorial Sloan-Kettering Cancer Center. Ahora colabora en la creación de un nuevo Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona, su ciudad natal.  ¿Le parece importante tender puentes entre la investigación que se realiza en distintas partes del mundo?

Aunque mi laboratorio de investigación radica en Nueva York, suelo colaborar con otras instituciones locales, nacionales e internacionales, entre las que se incluye el IRB de Barcelona. Así es como debemos de investigar. Los científicos se han dado cuenta de que no pueden trabajar aisladamente y con efectividad. Aunque sean eminencias en su campo, nunca podrán convertir los resultados de su investigación básica en aplicaciones médicas si trabajan solos. La idea es combinar la especialización científica, tecnológica y médica para crear redes integradas con presencia internacional que puedan colaborar con institutos y hospitales similares en todo al mundo para compartir sus conocimientos y nivel de especialización.

Vivimos un periodo muy interesante para dedicarse a la ciencia. A través de este tipo de colaboración, los científicos actuales tienen muchas oportunidades de trabajar en laboratorios de distintos países. El talento y pasión por la ciencia pueden darse en cualquier parte. Algunos miembros de mi laboratorio vienen de grandes ciudades con universidades afamadas (como Nueva York, Los Angeles, Chicago, Santiago, Méjico, Toronto, Viena, Munich, Roma, Madrid, Barcelona, Pekín, Calcuta, Tokio y Estambul) pero otros vienen de pueblos pequeños: uno de mis estudiantes proviene de un remoto valle en la cordillera del Himalaya en Nepal, otro de una isla diminuta cercana a Islandia, otro de un pequeño pueblo al norte de Grecia y otro de una zona rural en Argentina. Con una actitud positiva y un poco de suerte, la gente que tiene talento y pasión siempre se abre camino.

Respecto a España, la situación afortunadamente dista mucho de la que había cuando me fui. Hay un reconocimiento mucho mayor por parte del gobierno de la necesidad de crear institutos e infraestructuras que permitan a los científicos españoles realizar una labor realmente importante. España posee excelentes investigadores del cáncer con resultados muy buenos a nivel internacional. Tradicionalmente, sin embargo, sus logros científicos han encontrado obstáculos a la hora de convertirse en resultados tangibles.  Debemos encontrar una fórmula más eficiente para hacer converger las tres herramientas principales en la lucha contra el cáncer: investigación básica, clínica y farmacéutica.

Es realmente muy probable que sea la próxima generación de científicos la que logre un hito en la lucha contra el cáncer. Nuestro deber es asegurarnos de formar nuevos talentos y proporcionar a nuestros biólogos, genetistas, farmacéuticos y médicos la formación y recursos necesarios para enfrentarse a ese reto con solvencia. ¿Cuál es mi consejo para los científicos del futuro?  Visita los institutos de investigación o facultades universitarias y habla con los estudiantes y con los científicos. Pregúntales por sus comienzos y si saben de alguna ocasión que puedas aprovechar. Consulta diversas opiniones, ¡y a por todas!

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Author(s)

Joan Massagué es Catedrático del Cancer Biology and Genetics Program del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en Nueva York, EEUU, y Director Adjunto del Instituto para la Investigación Biomédica de Barcelona, España.


Review

Joan Massagué es un científico ampliamente conocido y respetado a nivel internacional. Resulta fascinante leer cómo fue su entrada en el mundo de la investigación. Como muchos otros científicos, su objetivo inicial era estudiar otros temas pero durante el recorrido encontró su auténtica pasión!

El profesor Massagué confía en que se desarrollarán terapias que bloqueen los genes causantes de la metástasis. Además de proporcionar un acercamiento a la investigación actual, la entrevista puede usarse de distintas formas: como ayuda para la comprensión; como complemento en las clases sobre genética del cáncer; como punto de partida para la investigación sobre la leucemia y los tumores sólidos; para analizar las distintas fases en el desarrollo de fármacos desde su creación hasta su uso clínico; o como punto de partida para un debate sobre la financiación gubernamental de la investigación y el tratamiento del cáncer.


Shelley Goodman, Reino Unido




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