Cornelius Gross: del aula al laboratorio Inspire article

La mayoría de los jóvenes científicos que se dedican a la investigación sólo han sido eso – científicos. Vienna Leigh nos describe cómo el director de un equipo de investigación del Laboratorio Europeo de Biología Molecular comenzó su carrera dando clases – y piensa que su trabajo se…

Cornelius Gross
Imagen cortesía del EMBL Photolab

En la actualidad, Cornelius Gross experimenta con ratones para determinar las causas de ciertos rasgos de la personalidad humana y de enfermedades psiquiátricas. Al principio de su carrera, sin embargo, su trabajo diario consistía en lidiar con animales mucho más grandes – estudiantes de instituto, para ser precisos.

A diferencia de muchos científicos que lideran o pertenecen a grupos de investigación básica como la Unidad de Biología del Ratón que él dirige en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) de Monterotondo, Italia, Cornelius comenzó su vida laboral como profesor, dedicándose mucho más tarde al trabajo de laboratorio. “Aunque aún me gustaba la investigación cuando terminé mi Tesis sobre genética de la Drosophila [mosca de la fruta] y bioquímica de las proteínas en la Universidad de Yale [USA], no me apetecía quedarme en un laboratorio,” explica Cornelius, que es de origen norteamericano. “Creo que pensaba que no había vivido lo suficiente ni había visto mundo.”

“Así que comencé a buscar un empleo que me llenara como persona y que, a diferencia de la investigación, me permitiera obtener una valoración inmediata de mi actuación.”

Poco después, Cornelius comenzó su trabajo de dos años en el Instituto Landmark, un pequeño colegio experimental en Manhattan donde enseñaba ciencias a jóvenes entre 15 y 17 años. “Nuestro colegio era poco común puesto que todos los estudiantes eran pobres. Sólo había cuatro niños blancos en una escuela de 450 estudiantes y el 90 por ciento eran inmigrantes de primera generación, la mayoría de origen caribeño,” señala. “Como era un colegio experimental, la directora tenía un amplio margen a la hora de diseñar el programa a su gusto. Casi todas las decisiones se tomaban mediante el voto del profesorado.”

Al ser un profesor sin experiencia y en ese entorno, Cornelius parecía enfrentarse a una difícil tarea; pero él piensa que fue precisamente el hecho de enseñar ciencias y no otras asignaturas, lo que facilitó su labor. “La ciencia es una asignatura fantástica porque casi todos los estudiantes tienen algún vínculo con ella y acaban interesándose,” dice. Las prácticas, en particular, tienen un gran atractivo para aquellos alumnos que van mal o carecen de motivación. Algunos obtuvieron excelentes resultados en las prácticas a pesar de que llevaban todo el curso sin hacer nada en las demás clases.”

La experiencia, sin embargo, no fue fácil. “Tuve que diseñar y crear todos los materiales docentes porque no solía usar libros de texto,” explica. “Era frecuente que los padres se despreocuparan de sus hijos y, en muchas ocasiones, ni siquiera aparecían junto a ellos en las reuniones con los profesores.”

A pesar de estas dificultades, Cornelius se siente absolutamente satisfecho de su experiencia a nivel personal. “Mis mayores logros provenían de la atención personal a estudiantes problemáticos. Hubo uno en particular, con grandes dificultades de aprendizaje, al que tuve que dedicar mucho tiempo. Sin embargo, fue una gran satisfacción poder ayudarle,” recuerda. Era un estudiante haitiano cuya madre se había quedado en ese país. Su padre era muy severo, así que tuve que hacer de mediador entre el estudiante y su padre. Finalmente, creo que logré ayudarles a valorarse mutuamente.

“Tras dejar el colegio, viajé a Haití para visitar a la madre de ese estudiante y llevarle un video autobiográfico que había filmado para ella. Llevaban siete años sin verse, pero algunos años después – en parte por mi insistencia– pudieron volver a encontrarse.”

“Otro caso fue el de una estudiante solitaria que apenas aparecía por la escuela, y cuando lo hacía era para hablar conmigo – me convirtió en su confidente, alguien a quien podía hablar sobre experiencias difíciles de su pasado como haber ejercido la prostitución. Aunque era afroamericana, su madre era alemana y ella se sentía atraída por las ideas y la parafernalia nazi; a base de gritar eslóganes racistas logró que todo el mundo la odiara y nadie la quisiera en su clase. Recuerdo haberle dado un cómic sobre Freud que le gustó mucho y escribió un ensayo muy bueno sobre Freud con las ideas que encontró en aquel libro.”

“Esas son las experiencias que recuerdo con más claridad, aunque hubo otros casos no tan llamativos pero igualmente satisfactorios.”

Cornelius nunca tuvo problema en encontrar ideas para sus experimentos y trabajos. “Mi forma de enseñar consistía en una combinación de clases teóricas, trabajo en grupo e investigación individual. En aquella época no disponíamos de actividades de este tipo para estudiantes de una edad o nivel similar a los míos, así que creé muchos proyectos experimentales. Trataba de que los estudiantes descubrieran las cosas por sí mismos más que contarles lo que ya se había descubierto,” “Un proyecto incluía un módulo sobre el ‘dilema del prisionero’w1 en el que los estudiantes tenían que desarrollar un algoritmo y jugar contra sus compañeros de clase. En otra actividad, analizábamos la composición química de drogas de uso común, como la cocaína o la heroína, usando gominolas en vez de drogas y dibujos de la sinapsis para explicar las zonas afectadas.”

Fue uno de estos proyectos el que le condujo a abandonar el aula y volver a la investigación. “Un día leí Listening to Prozac, la obra fundamental de Peter Kramer sobre los antidepresivos, y me animé a diseñar un módulo sobre neurobiología. Llevamos muchos conferenciantes visitantes y, usando arcilla de colores, hicimos un modelo de las partes del cerebro. También leímos las historias de Oliver Sacks [neurólogo y autor, entre otras obras, de The Man who Mistook his Wife for a Hat, among others] sobre lesiones cerebrales. Los estudiantes pensaban que yo estaba loco, pero les encantó.

“Todo esto reavivó mi interés por la investigación y, en particular, por la neurobiología, aunque no era algo que hubiese hecho antes –antes de leer la tesis había estudiado biofísica. Así que poco después dejé la escuela y me uní a un laboratorio de neurobiología para identificar el receptor de serotonina que controla los efectos antidepresivos del Prozac. Tuvimos éxito y logramos publicar en Science en 2003 [Santarelli et al, 2003].”

Ahora Cornelius dirige un laboratorio de diez miembros y está convencido, a pesar de sus experiencias positivas en la docencia, de que la investigación es la labor más adecuada para él. “Me encanta la libertad y creatividad de la ciencia,” señala. “Me siento muy afortunado de ser un científico, de dirigir mi propio equipo y de ser independiente. Supone la combinación justa de trabajo en solitario y, a pequeña escala, de dirección de personal.”

Sin embargo, esos dos años como profesor le dieron ciertas destrezas por las que se siente muy agradecido. “La enseñanza requiere una gran habilidad en el trato con la gente. Para desviar el conflicto y atraer a los estudiantes tuve que aprender a ser optimista, excéntrico y divertido,” señala. “Ser director de un grupo investigador es algo parecido. Algunos resultados científicos han sido sorprendentes y estoy tremendamente orgulloso de los miembros de mi laboratorio, pero también lo estaba cuando aquellos malos estudiantes se interesaban realmente por la ciencia y culminaban sus proyectos.”

“Por ejemplo, hace poco una joven investigadora de mi laboratorio decidió tomar la temperatura a un grupo de ratones que estaban muriendo sin razón aparente. Se encontró con caídas de temperatura sorprendentes e inesperadas que hoy forman la base de un artículo publicado en Science [Audero et al, 2008]. Lo que todavía recuerdo de esa investigadora es su sonrisa cuando me presentaba los datos. Ver esa satisfacción me basta para seguir trabajando durante mucho tiempo.”

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References

  • Kramer PD (1994) Listening to Prozac: Psychiatrist Explores Antidepressant Drugs and the Remaking of the Self. London, UK: Fourth Estate. ISBN: 9781857022841
  • Sacks O (1986) The Man who Mistook his Wife for a Hat. London, UK: Picador. ISBN: 9780330294911
  • Santarelli L et al (2003) Requirement of hippocampal neurogenesis for the behavioral effects of antidepressants. Science 301: 805-809. doi: 10.1126/science.1083328
  • Audero E et al (2008) Sporadic autonomic dysregulation and death associated with excessive serotonin auto-inhibition. Science 321: 130-133. doi: 10.1126/science.1157871

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