El científico del futuro Understand article

Traducido por Terrence Martin. Susan Greenfield y Martin Westwell del Instituto por el Futuro de la Mente consideran los requisitos del científico del futuro.

La autora, Susan
Greenfield

Piensa por un momento en todos los avances científicos y tecnológicos de los últimos años, y sobre la predicción que las nuevas innovaciones se introducirán cada vez con más frecuencia: ¿no debemos considerar qué necesitará el científico del futuro?

El autor, Martin
Westwell

Mientras los avances en las tecnologías de las comunicaciones hacen accesibles más información, los científicos están en peligro de ahogarse en un mar de informes irrelevantes los cuales abarcan desde datos científicos hasta folclor. Científicos del futuro necesitarán las destrezas no tan sólo para transformar esta información en conocimiento, sino también para seleccionar la información pertinente.

En este siglo, es probable que Internet continúe siendo una de las fuentes principales de información para los científicos. A pesar de la naturaleza ubicua de Internet y la aceptación general que es importante (según el 82% de los alumnos y 73% de las personas de edad laboral), una proporción sustancial de la población (30% de jóvenes entre 9 y 19 años de edad) no han recibido clases acerca del uso de Internet (Dutton et al., 2005). De hecho, solamente un tercio de aquellos niños quienes usan Internet en forma diaria o semanal, han sido enseñados cómo juzgar la confiabilidad de la información on-line, mientras 38% confían en la mayor parte de la información disponible en Internet (Livingstone & Bober, 2005).

Parece que existe una brecha entre las capacidades de procesar información y las destrezas que los futuros científicos necesitarán y la educación que reciben. Mientras el mundo cambia, debemos hacernos la importante pregunta: ¿para qué existe la educación científica?

El propósito de la educación científica en la escuela debiera ser entregar a la próxima generación de ciudadanos quienes eligen no continuar sus estudios formales de ciencia los medios por los cuales puedan comprender la ciencia y cómo funciona. Cada individuo debiera recibir las herramientas para apreciar cómo la ciencia en el mundo real les afecta y cómo puedan formar sus propias opiniones sobre temáticas científicas y tecnológicas. Algunos cursos existentes y en proceso de planificación ayudan a satisfacer esta necesidad, por ejemplo, ‘Science for the Public Understanding’w1 (Ciencia para la Comprensión Pública).

Pero, ¿cómo podemos enseñar cómo funciona la ciencia? Piensa en lo que pasa en un experimento en clase para medir el punto de ebullición del agua. Una cosa es cierto: casi nadie logrará 100° C a menos que ya sepan la respuesta traten de complacer al profesor. Juan obtendrá 102° C, Tania obtendrá 105° C, Paco obtendrá 99.5° C, María obtendrá 100.2° C, Zonker obtendrá 54° C, mientras Roberto no logra obtener ningún resultado, y Pepe logrará hervir el agua hasta dejar seco el vaso y hacer explotar el termómetro. Diez minutos antes de terminar la clase se recogen los resultados: Juan tuvo su termómetro en una burbuja de vapor supercalentado cuando tomó la temperatura; Tania tuvo algunas impurezas en el agua de su experimento; Paco no permitió que su vaso llegara a hervir completamente; el resultado de María muestra el efecto de un leve aumento de la presión atmosférica; y Zonker y Roberto todavía no han alcanzado las competencias de un científico experimental. Al final de la clase, cada alumno quedará con la impresión que el agua hierve precisamente a 100° C, o por lo menos lo habría hecho si no fuese por unas dificultades locales que no afectarían el mundo adulto de la ciencia y tecnología, con su personal bien entrenado y con aparato en perfecta condición. Sin embargo, esa renegociación de los últimos diez minutos, de lo que realmente ocurrió es la parte importante de la clase: por medio de reflexionar sobre estos diez minutos, el curso podría aprender la mayor parte de lo que hay que saber acerca de cómo funciona la ciencia. (Collins & Pinch, 1993).

El segundo propósito de la ciencia en la escuela es alcanzar esa pequeña proporción de los estudiantes que avanzan a la educación superior para estudiar ciencia y/o trabajar en ciencia y tecnología. Para ellos, construir una base de conocimientos básicos y una comprensión del enfoque científico es importante. Empero, en un mundo cambiante, esta base esencial no bastará.

La ciencia actual y del futuro exigirá niveles cada vez más elevados de competencia especializada de los científicos, junto con una capacidad de trabajar con otros científicos fuera de su propia pericia. Una consecuencia natural de esta especialización dentro de equipos multidisciplinarios es que los futuros científicos deberán superar el desafío de explicar su especialidad en términos que otros científicos y no-científicos pueden comprender. Químicos tendrán que cooperar con psicólogos, biólogos moleculares con nanotecnólogos, y neurocientíficos con economistas, hasta que se difuminen las fronteras entre las disciplinas. Aún con la introducción de nuevas tecnologías, la comunicación y habilidades interpersonales van a ser más importantes que nunca.

El científico del futuro tendrá que tomar un paso más adelante y relacionarse con la sociedad más amplia si la ciencia y la tecnología van a mantener su lugar en el corazón de la cultura moderna. La mayoría que no siguió una educación científica buscará a la minoría para ayudarles a tomar decisiones y formular opiniones. Sin embargo, el científico entusiasta tendrá que tomar muy en serio su responsabilidad – no se trata de decirle a la gente lo que deben pensar. Profesor Ian Diamond, Catedrático de Consejos de Investigación de la UK, acotó recién que, aunque una encuesta (MORI, 2005) mostró que más de 80% de los adultos creen que la ciencia mejorará nuestras vidas, debiéramos estar haciendo esfuerzos por aumentar esta cifra. Se exigirá al futuro científico tomar un rol más protagónico para asegurar que todos los integrantes de la sociedad estén involucrados con la ciencia. No-científicos deben sentir que pueden contribuir a un debate científico con confianza en sus opiniones, sin importar que estén de acuerdo o no con la hipótesis que la ciencia hace una contribución positiva a la sociedad. La integración de la ciencia con la sociedad en general y la cultura futura es crucial para nuestro desarrollo tanto social como económico, y esta integración empieza en la escuela.

En un mundo cada vez más pequeño, la ciencia se vuelve cada vez más global y esta comunidad internacional de científicos será clave si vamos a confrontar con seriedad los problemas globales tales como el cambio climático y enfermedades. No obstante, en esta globalización de la ciencia acecha el peligro de que el mundo se divida en dos: los que tienen la tecnología y los que no la tienen.Mediante iniciativas como la Science Corpsw2 (Cuerpo Científico), los científicos del futuro podrán utilizar sus habilidades y destrezas para aplicar la ciencia y tecnología a problemáticas tanto en el mundo desarrollado como aquellos en vías de desarrollo.

Los científicos del futuro tendrán que estar preparados para hacer las preguntas correctas y encontrar las respuestas correctas.

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Author(s)

Baronesa Greenfield CBE es Directora de la Royal Institution of Great Britain (Institución Real de Gran Bretaña) (la primera mujer en alcanzar ese cargo) y Profesora de Farmacología en la Universidad de Oxford, UK, donde dirige un equipo multidisciplinario que investiga trastornos neurodegenerativos.  Además, es Directora del Oxford Centre for the Science of the Mind (Centro por la Ciencia de la Mente de Oxford), el cual explora la base física de la consciencia y del Institute for the Future of the Mind (Instituto por el Futuro de la Mente), UK.

Sus libros incluyen The Human Brain: A Guided Tour (El Cerebro Humano: Una Gira con Guía) (1997), y Tomorrow’s People: How 21st Century Technology is Changing the Way We Think and Feel (Gente del Mañana: Como la Tecnología del Siglo 21 está cambiando nuestra manera de pensar y sentir (2003). Fundadora de cuatro empresas basadas en sus investigaciones, ha hecho una muy variada contribución a los medios impresos y radiales, y ha dirigido un informe gubernamental, Mujeres en Ciencia. Ha recibido 28 grados honoríficos, membresía honoraria de Colegio Real de Médicos (2000), un título vitalicio de nobleza no político, además del Ordre Nacional del la Legionne d’Honneur (Orden Nacional de la Legión de Honor (Francia)) (2003).  En 2006 fue designada como Canciller de la Universidad Herriott-Watt, UK, y elegida Australiana Honorífica del Año.

Dr. Martin Westwell es Vice-Director del Instituto por el Futuro de la Mente en la Universidad de Oxford, UK, donde se investiga cómo podemos aprovechar las nuevas tecnologías para maximizar el potencial de todo individuo y salvaguardar su individualidad.  Martin se tituló y obtuvo Doctorado en Química Orgánica en la Universidad de Cambridge.  Posteriormente se mudó a Oxford con la categoría de investigador, donde descubrió la neurociencia, la industria de la biotecnología y un sin número de proyectos de ciencia y sociedad, incluyendo el Café Scientifique.  Sus reconocimientos como comunicador científico le valieron ser nombrado Científico del Nuevo Siglo en 1999 por The Times/Novartis.




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