La Evolución en Cuatro Dimensiones: Variación Genética, Epigenética, de Comportamiento y Simbólica en la Historia de la Vida, Por Eva Jablonka y Marion J. Lamb Inspire article

Traducido por Antonio Gallego. En El Origen de las Especies, publicado en 1859, Charles Darwin describió la evolución como un proceso sometido a diversas influencias. Desde luego, la selección natural conduce a la adaptación; de forma parecida a lo que pasa con los cambios provocados por los…

Reseña: Bernhard Haubold, Fachhochshule Weihenstephan, Alemania Además, y de forma bastante sorprendente para los modernos biólogos, Darwin se mostró de acuerdo con la sabiduría convencional de su tiempo y creyó que las características adquiridas eran heredables. Desde entonces, la genética y los ordenadores han sido las aportaciones decisivas para el pensamiento evolucionista. Su combinación ha llevado a una reinterpretación nueva y a un refinamiento de la gran idea de Darwin. En 1976, el biólogo de la evolución Richard Dawkins estableció de forma sucinta el nuevo paradigma resultante, en el prefacio a su influyente libro El Gen Egoísta: «somos máquinas de supervivencia, vehículos robot programados ciegamente para preservar las egoístas moléculas conocidas como genes». Desde ese punto de vista, la secuencia del genoma humano, publicada en 2001, alienta la esperanza de desvelar todo el software que viene con el hardware humano.

La postura abierta de Darwin ante las posibles fuerzas de la evolución es el punto de partida del libro La Evolución en Cuatro Dimensiones: Variación Genética, Epigenética, de Comportamiento y Simbólica en la Historia de la Vida (The Ancestor’s Tale: A Pilgrimage to the Dawn of Life), de las biólogas de la evolución Eva Jablonka y Marion J. Lamb. Su libro va dirigido a todos los interesados en las pruebas que cuestionan  una perspectiva basada estrictamente en los genes, ya que las autoras esperan convencer a sus lectores de que el ADN no es «el explica-todo de la herencia».

Desde aquel día de invierno de 1953 en que Francis Crick contó a los atónitos invitados a un lunch en el pub Eagle, de Cambridge, que él y Jim Watson acababan de descubrir el secreto de la vida al desentrañar la estructura de doble hélice del ADN, esta molécula ha sido a todos los efectos «el explica-todo de la herencia». Para los biólogos educados en la fascinación creciente de la biología molecular, que culminó en el Proyecto del Genoma Humano, la supremacía del ADN es parte de una cultura compartida, que se ha consolidado tanto que incluso es difícil ser consciente de ella. Pero Jablonka y Lamb realizan una convincente y mesurada argumentación en favor de una visión más pluralista de la evolución y la herencia. Las autoras evitan el tono agresivo del estilo polémico de El Gen Egoísta y explican con paciencia las elementos básicos y las implicaciones de esas cuatro dimensiones de la evolución que ellas consideran importantes. En cada una de esas dimensiones, presentan las ideas vigentes hoy,  pero recuerdan también al lector las observaciones clásicas, que habrían socavado la metáfora del «ADN como software» si su significación hubiera sido totalmente conocida.

La primera dimensión que discuten es la genética. Un principio central del pensamiento evolutivo contemporáneo es que las mutaciones – la materia prima de las evolución –  son aleatorias. En otras palabras: se cree que no hay ningún código para cambiar el código. Jablonka y Lamb introducen al lector en el debate sobre las mutaciones adaptativas, no aleatorias, que tuvo lugar entre los microbiólogos durante los últimos años 80 y los 90 del siglo pasado. Más convincente, sin embargo, es su insistencia en la importancia del bien conocido hecho de que las células pueden alterar su propio ADN mediante diversos mecanismos, que incluyen la mutación somática y la amplificación selectiva.

La segunda dimensión es la epigenética, que engloba todas aquellas características celulares y orgánicas que son heredables sin estar escritas en una secuencia del ADN del genoma. Aunque las células del hígado y del cerebro contienen el mismo ADN, tienen morfologías y funciones heredables muy diferentes. El comportamiento constituye la tercera dimensión. El comportamiento del joven se guía por el de sus padres y no por genética. Finalmente, los sistemas simbólicos de la herencia  – con el lenguaje como el más destacado de ellos – conforman la cuarta dimensión.

Una vez descrito su modelo evolutivo de cuatro dimensiones, Jablonka y Lamb pasan a describirnos cómo interactúan esas dimensiones. Como antes, los trabajos más ilustrativos son los clásicos. Por ejemplo, las autoras citan los experimentos de Waddington, a partir de los años 40, sometiendo a la Drosophila a choques de calor, lo que demostró el fenómeno de la «asimilación genética». En él, la selección continuada de uno de los fenotipos admisibles lleva, en sólo unas pocas generaciones, a que se convierta en un fenotipo predeterminado, heredable de forma sistemática.

Actualmente, la asimilación genética  – igual que otros fenómenos genéticos –  se entiende hasta en sus detalles moleculares. El libro da al lector parte de esa información, cuando es apropiado. La naturaleza algo técnica de esos pasajes queda mitigada por el cuidado en evitar la jerga innecesaria. Hay que añadir que cada capítulo concluye con un delicioso diálogo, en el que los temas expuestos en la sección principal son vueltos a tratar, ahora con humor. Eso hace que el libro, aparte de ayudar a pensar, resulte divertido de leer. Puede que seamos ciegos robots; pero algunos de esos robots son lo bastante inteligentes como para darse cuenta de la limitada utilidad de ese punto de vista. Recomiendo vivamente el libro de Jablonka y Lamb a todos los interesados en una vía alternativa fascinante.

Datos

Editorial: MIT Press
Año de publicación: 2005
ISBN: 0262101076

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